LA FUNDACIÓN BERNARDO ALADRÉN, DE UGT-ARAGÓN Y LA EDITORIAL COMUNITER PRESENTAN EL LIBRO: JULIÁN ESCUER FUSTERO. SENDERO HACIA LA LIBERTAD
Edición y preámbulo de Herminio Lafóz
Salón de Actos de la Casa del Pueblo UGT, calle Joaquín Costa nº 1 (Zaragoza), jueves 22 de diciembre 19 horas.
En el acto intervendrán el autor del estudio introductorio Herminio Lafóz y el editor Manuel Baile.
Este libro es el relato de las aventuras del autor, desde que era un niño y empezó a tener capacidad de asombro, hasta que un barco lo depositó en el puerto de Veracruz (México) el 12 de octubre de 1942. Se trata, pues, de un texto biográfico, y aunque se dude de la fiabilidad este tipo de relatos, la narración de Julián podría considerarse una fuente bastante fiable para el conocimiento de algunos acontecimientos importantes que no pudieran ser comprobados por otras fuentes, como es el caso de los hechos del 18 de julio de 1936 que él presenció de cerca desde la calle de San Gil, por todo el paseo de la Independencia hasta la plaza de Aragón donde, desde un árbol vio cómo la Capitanía General y su guardián barbudo engullían a las autoridades civiles republicanas para ya no salir. Julián fue espía de ocasión en la Zaragoza posterior al golpe fascista de julio, prestando algunos relevantes servicios a la causa republicana hasta que pudo cruzar las líneas. Tiene un extraordinario interés su deambular, una vez pasada la contienda y tomado el camino del exilio, por los campos de internamiento franceses, por las compañías de trabajo, su presencia en la retirada de Dunkerque, su vuelta a España, al campo de concentración de Miranda de Ebro. Su aventura es, sin duda, la de cientos o miles de republicanos anónimos que salvaron sus vidas. Mientras Julián coge trenes, pasa ríos a nado, se esconde en el interior de los cines, escapa en una palabra, va conociendo gente a la que valía la pena conocer. Además es un texto bien escrito que tras dar testimonio directo de la vida de nuestros compatriotas en esos años y en esas tierras a las que les llevó la derrota y la represión, emociona, divierte, apasiona a veces y no dejará a ningún lector sin aprovechamiento. Por todo ello y por el valor universal de lo narrado, hemos retirado un subtítulo que puso el autor “Para que me conozcan más familiares y amigos”; a partir de ahora ese conocimiento podrá ser general.
PREÁMBULO NECESARIO
Conocí a Julián Escuer Fustero a comienzos del año 1999. Yo estaba coordinando un seminario en el Centro de Profesores número 1 de Zaragoza sobre Fuentes Orales y llevaba algunos años trabajando en biografías orales y su utilización en la historia cuando mi compañera de Instituto Ana Pola me propuso hacer una entrevista a su tío Julián que, aunque vivía en Méjico, estaba en esos momentos en España.
Desde el primer momento, Julián me pareció el paradigma del informante. Una vez expuesto el objeto y límites de la entrevista, Julián comenzó su relato lleno de matices, sin duda, como si los hechos que me narraba en presencia de la grabadora (que, pese a lo que suele ser usual, no le impresionó nada) estuvieran ocurriendo en esos momentos.
Comenzamos por el principio, por su niñez. En sus recuerdos de esta época sobresalía la figura de su abuelo, un buen lector de prensa, que veneraba a Joaquín Costa de quien recordaba tenía en busto en su casa. Esta primera sesión está fechada en 22 de enero de 1999. Después vendrían otras sesiones en las que fue desgranando su vida hasta concluir, en la sesión del 24 de junio, con su relato del exilio en Méjico del que, por cierto, nada dice en estas memorias escritas. En total, más de 12 horas de conversación. Hasta tal punto me resultó fascinante Julián como relator que lo llevé a una de las sesiones de mi Seminario de fuentes orales, la del 1 de marzo de 1999, para presentarlo como ejemplo vivo de cómo se debía hacer una entrevista oral.
No es el momento ni el lugar de hablar de la fiabilidad de los relatos biográficos. Pero sí es verdad que la narración de Julián podía considerarse una fuente bastante fiable para el conocimiento de algunos acontecimientos importantes, que no podían ser comprobados por otras fuentes, como es el caso de los hechos del 18 de julio de 1936 que el presenció de cerca desde la calle de San Gil, por todo el paseo de la Independencia hasta la plaza de Aragón donde, desde un árbol vio cómo la Capitanía General y su guardián barbudo engullían a las autoridades civiles republicanas para ya no salir. Julián fue espía de ocasión en la Zaragoza posterior al golpe fascista de julio, prestando algunos relevantes servicios a la causa republicana hasta que su situación en el interior de la ciudad se hizo insostenible. Entonces, con los mismos tonos de aventura que recorren su trayectoria vital, escapó en bicicleta primero, y después a pie, hasta las líneas republicanas.
Me interesó sobre todo su deambular, una pasada la contienda y tomado el camino del exilio, por los campos de internamiento franceses, por las compañías de trabajo, su presencia en la retirada de Dunkerque, su providencial renuncia a embarcarse hacia Inglaterra, su vuelta a España, al campo de concentración de Miranda de Ebro. Su aventura es, sin duda, la de cientos o miles de republicanos anónimos que salvaron sus vidas, unos, por su habilidad, o la perdieron otros en alguno de estos tramos por la mala suerte.
Mientras Julián coge trenes, pasa ríos a nado, se esconde en el interior de los cines, escapa en una palabra, conoce gente a la que valía la pena conocer en este viaje sin fin. La certeza del peligro inminente no pudo nunca contra el vitalismo de Julián.
Con su relato oral yo quería preparar un trabajo que fuera modelo de explotación de una entrevista oral como fuente histórica. Pero el mismo Julián me ganó por la mano y me hizo llegar, a través de sus familiares, estas memorias que tenía escritas hacía algún tiempo con la esperanza de que fueran publicadas. Así que dejé mi estudio para otra ocasión y nos centramos en la edición de este relato que hoy presentamos.
Básicamente, las memorias se corresponden con los hechos relatados en mi entrevista oral. Pero hay dos acontecimientos, que pienso de importancia, que aparecen en uno u otro pero no en los dos. El primero, sí que aparece en las memorias escritas, pero no en su relato oral, su dramática relación con Rosa, la enfermera, que sería posteriormente fusilada y que, sin duda, debió constituir en Julián un trauma durante muchos años. El segundo, no aparece en sus memorias, pero sí en el relato oral, en el que cuenta los primeros momentos del exilio. Advirtiendo que en este caso no hablamos del exilio intelectual, tan tratado, sino del exilio de un trabajador manual para el que su prioridad inmediata era encontrar trabajo rápidamente. Julián se hizo un traje para pedir trabajo, traje que le confeccionó un sastre exiliado que procedía de Jaca y se llamaba como él Julián, Julián Borderas. Me resultaron luminosas sus observaciones sobre el exilio mejicano del que yo, al menos tenía una serie de ideas basadas en lugares comunes. Yo le preguntaba por nombres sonoros, como Indalecio Prieto, y Julián me decía que sí que había oído hablar de ellos pero que un trabajador escasamente tenía tiempo para ir a escuchar conferencias políticas; y menos un trabajador joven cuyas mayores urgencias eran divertirse y bailar. Julián era un bailarín de cuidado. En fin.
Al final de un largo trecho, casi tan largo a veces como su camino hacia la libertad, llega la edición de sus memorias, las que él quiso que fueran sus memorias. Al fin ven la luz gracias el esfuerzo de una joven e intrépida editorial. Poco antes de morir, Julián supo que se editarían, que las editaríamos. Este sí era el final de su largo camino: la memoria. Que la tierra te sea leve, Julián Escuer.
Herminio Lafoz
Julián Escuer Fustero. Sendero hacia la libertad. Edición y preámbulo de Herminio Lafoz
420 páginas 24 x 17 cms.
18,00 euros
Comuniter
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